EL SIGLO DE BORGES: EL DISCURSO POSTMODERNO Y POSTCOLONIAL DE JORGE
LUIS BORGES.
LOS FUNDAMENTOS DEL PENSAMIENTO OCCIDENTAL DEL SIGLO XX Y XXI(1)
1. BORGES Y LA POSTMODERNIDAD: OBSERVACIONES PRELIMINARES Y
ALGUNOS TÉRMINOS FUNDACIONALES
En algunos trabajos ya publicados (A. de Toro 1990: 71-100; 1991: 441-468;
1992: 145-184;
1994: 5-32; 1994a: 243-259; 1995: 11-45; 1998: 11-58; 1999: 137-162;
1999a: 129-153 )
puse una serie de materiales a disposición para la discusión
sobre la postmodernidad y la
postcolonialidad en Europa y Latinoamérica, en particular sobre
la obra de Borges, con la
finalidad de establecer una base mínima para una discusión
científica quedando así excluida
la polémica ideológica o de cualquier tipo. Partiendo
de estos trabajos quisiera a continuación
resumir características y elementos constitutivos de la obra
de Borges que se inscriben como
marcas de la postmodernidad y postcolonialidad y así confrontar
el tema que se me ha pedido
tratar. Y quizás una observación para evitar malentendidos
que son tan deseados por la
polémica. No haré, ni he hecho, una lectura de Borges
"desde fuera", "desde el centro",
desde el sistema postmoderno europeo o norteamericano, ni haré
una lectura de Borges con
la mirada de Lacan, Derrida, Deleuze o Baudrillard, sino que me concentraré
en el centro de
los problemas literarios y epistemológicos de este siglo que
son tanto parte inherente a la obra
de Borges como a la cultura europea. A través de Borges he leído
la filosofía postmoderna y
a través de ésta a Borges en un constante ir y venir
estrechamente conectado. A través de
Borges pude enfrentar la problemática postmoderna y postcolonial
y a través de esas teorías
pude acercarme a Borges. No hay disensión entre mi lectura del
texto objeto y mi lectura
teórica, el objeto y la teoría constituyen una unidad.
Tampoco estoy negando con esta lectura
que hay un Borges, para ponerlo de la forma en que se polemiza, "argentino"
y otro
"universal" que es usurpado por la cultura del centro. Creo que hay
un Borges universal y
que no hay una jerarquía ni de temas ni de lugares. Buenos Aires
es para Borges un lugar tan
real o mítico como lo es Uqbar ya que Borges no está
produciendo una literatura mimética,
ilusionista de color local, sino una literatura autorreferencial, y
esto a raiz de que Borges -y
esta es mi tesis central- liquida al Logos occidental, es decir, el
dualismo metafísico y el
mitos del origen.
Después de esta breve, pero necesaria aclaración podemos
abarcar nuestro tema de hoy.
La práctica literaria de Borges se caracteriza por una organización
sígnica plurivalente
que tiene profundas consecuencias para el tratamiento de la realidad
y de la ficción. El texto
es un producto de la lectura y la escritura una permanente re-lectura
como re-escritura. Esta
‘re-escritura' lleva a una disolución de los personajes, de
la identidad del narrador y a la
constitución de dos niveles fundamentales y siempre presentes:
del nivel objeto-textual y del
metatextual que se encuentran siempre en una tensión lúdica
que conduce a la superación
(perlaboración) de la ficción como ficción. Los
textos de Borges realizan su propia ‘desficcio-
nalización', es decir, la historia narrada es siempre desenmascarada
como "inventada" o
como metatextual, y no constatamos ningún interés de
concretizarla.(2)
Borges recurre a una serie de procedimientos textuales que mucho más
tarde, en la
segunda mitad del siglo XX, serán difundidos y establecidos
por la filosofía postmoderna, por
la teoría de la literatura (nouvelle critique, Tel Quel) y,
avancemos esto ya en este lugar, va
mucho más allá con su teoría y práctica
de la literatura que los autores de las vanguardias de
los años 50 en adelante creando procedimientos propios hasta
la fecha inigualables.
Procedimientos fundamentales como reemplazo del logocentrismo dualista
del origen serían
la deconstrucción (Foucault 1966; Derrida 1967, 1972; Culler
1983; Zima 1994; A. de Toro
1992: 145-184; 1994: 5-32), el rizoma (Deleuze/ Guattari 1976; A. de
Toro 1992: 145-184;
1994: 5-32) y la simulación (Baudrillard 1981; A. de Toro 1995:
11-45; 1999: 137-162;
1999a: 129-153). Como veremos más adelante, la re-lectura de
Borges como re-escritura no
es una actividad mimética e intertextual, sino una elaboración
perlaboradora (verwindende
Verarbeitung) y una recodificación de significantes que funcionan
como unidades de
referencia o como marcas referenciales simuladas. El significante es
enlazado en una
estructura rizomática donde cualquier origen (Ur) y cualquier
traza finalista (telos) se funde
en una infinita pluralidad diseminante. En vez de una mimesis ordenada
y embarazada de
sentido se deriva una simulación que se establece como realidad
o como una textualidad
literario-ficcional, mas sin una realidad (referente) y sin texto:
"Le simulacre n'est jamais ce
qui cache la vérité - c'est la verité que cache
qu'il n'y en a pas. Le simulacre est vrai", dice
Baudrillard (1981: 9).
El rizoma se puede entender -siguiendo a Deleuze/Guattari (1976)- como
un principio
de organización en el cual un elemento se conecta con otros
de muy diversa estructura de tal
forma que se constituye un movimiento a-jerárquico, desunido,
abierto y siempre en
desarrollo. Formulado plásticamente: tenemos una red de nudos
de donde se derivan ramifi-
caciones que se conectan con otros nudos y donde la relación
significante/significado no tiene
ninguna importancia, sino solamente la forma de relación en
el nivel del significante. Esto
significa que no se pregunta qué significado tiene un sintagma,
sino cómo éste es combinado.
La simulación la entendemos -siguiendo a Baudrillard (1981)-
como la instalación de
una realidad hiperreal, como la implosión de la realidad que
lleva a la disolución del dualismo
metafísico occidental, de los límites entre realidad
y ficción, entre narrador como instancia
mediadora y los personajes. La dualidad entre un yo-narrador y un yo-actuante
es destruida,
el yo-narrador se desdobla en diversos ‘yo', obteniendo una identidad
híbrida. Lo dicho vale
igualmente para el narrador en tercera persona.
Así también desaparecen los límites entre lector
y autor y sus criaturas. Por medio de
estos procedimientos, que desarticulan la estructura, se transforma
el texto en algo anónimo
y experimenta una reducción hacia sí mismo. Con esta
teoría y práctica literaria Borges elabo-
ra aquello que el nouveau roman y el grupo Tel Quel expondrán
en los años 60 y 70: la gene-
ración autorreferencial de la textualidad. El autor se transforma
en un ‘escriptor' (scripteur),
quien motiva e incita la actividad del receptor como co-autor en cuanto
éste debe recorrer el
juego rizomórfico del autor y del narrador y debe tratar de
equiparar el proceso de la escritura
al de la lectura. Borges sostiene en diversas entrevistas partiendo
de la recepción de Kafka que
cada escritor es en primer lugar un lector. Así llega a ser
cada lector un co-autor.
El procedimiento deconstruccionista de Borges no tiene como finalidad
producir un
significado, un mensaje tradicional, sino persigue la búsqueda
como tal. Frente al lector se
desarrolla un verdadero ‘viaje de aventuras' a través de diversos
sistemas sígnicos, que por
causa de su repetición durante los siglos han perdido su capacidad
denotativa, y con esto, sólo
dejan la posibilidad primero de la búsqueda de otros transmisores
de sentido y luego, en una
radicalización de esta búsqueda, se trata solamente de
la búsqueda de significantes, que se
emplean muchas veces acoplados a significados con una función
de ‘anzuelo' y que luego son
descubiertos como sin sentido.
Tras esta breve descripción de algunos términos y concepciones
fundamentales en el discurso
literario de Borges pasamos a tratar algunos aspectos centrales de
su conocimiento y saber que
han acuñado la base del pensamiento de la segunda parte de nuestro
siglo en el que se
descubre a Borges como el Urvater de la época postmoderna y
postcolonial. Algunos de estos
aspectos centrales de la escritura de Borges son la ‘pseudo-intertextualidad',
‘la negación de
lo fantástico', ‘la simulación rizomática' y el
‘azar dirigido' que lo podemos resumir en el
término de ‘literatura virtual'.
2. REFERENCIALIDAD, MIMESIS, ANTI-FANTÁSTICO, ANTI-
INTERTEXTUALIDAD, SIMULACIÓN RIZOMÁTICA Y AZAR DIRIGIDO
2.1. El problema de la referencia y la mimesis
Borges inaugura un nuevo paradigma en la literatura del siglo XX, en
todo caso tiene un
papel fundamental. Este nuevo paradigma lo he visto y lo veo fundado
en una concepción
literaria que conoce dos actitudes primordiales: una consiste en que
Borges no considera el
trabajo literario como una ‘mimesis de la realidad' (y es indiferente
qué definición le da la
crítica a este término), y así su literatura nada
tiene que ver con realismo. Borges postula más
bien en un primer momento el trabajo literario como ‘mimesis de la
literatura/ficción' en el
sentido de un espejo con referencias literarias, en un entrelazamiento
de relaciones que
aparecen como intertextualidad. Borges cita la tópica posición
de ‘realidad vs.
ficción/mimesis de la realidad' para luego reemplazar el término
‘realidad' por ‘mimesis de
la ficción/literatura vs. literatura' con lo cual queda ya aquí
claro que el mundo, la realidad
está constituida por signos. El autor se desliga de esta forma
de la categoría ontológica de la
‘realidad'.
La segunda actitud primordial representa una radicalización
de la primera en cuanto la
oposición ‘mimesis de la ficción vs. literatura' como
condición del trabajo literario también
es reemplazada por una oposición de más transcendencia
‘mimesis de la ficción/literatura vs.
pseudo-mimesis de la ficción/literatura'. El término
‘realidad' ha sido entonces reemplazado
por el de ‘mimesis de la ficción/literatura' y el término
‘ficción' por el de ‘pseudo-mimesis
de la ficción/literatura'. Con lo expuesto no solamente cuestiono
y niego la presencia de lo
fantástico en la obra de Borges, sino que también la
de intertextualidad que comúnmente se
cree tan afín a Borges. Muchos de los textos de Borges -podemos
conceder- establecen en el
mejor de los casos relaciones con otros textos, pero no con la realidad.
Ésta aparece
solamente como cita y cuando es evocada, proviene de otros textos,
o su referencia directa
con la realidad se diluye en su elaboración semiótica,
en el camino que recorre y va trazando
una referencia dentro de una semiosis infinita. La relación
con otros textos es aparentemente
intertextual, si bajo este término entendemos una práctica
intertextual como lo definen
Genette (1982) y la crítica en general (Lachmann 1982; Pfister/Broich
1985). Borges confiesa
solamente que crea sus textos partiendo de otros textos (Als-Ob-Prinzip),
pero él no practicala
intertextualidad, ya que el ‘pretexto' (A. de Toro 1992: 161) no es
usado como tal en
forma contextual y además Borges inventa/imagina textos. La
literatura de Borges es un gran
‘simulacrum', es hiperreal (vid. más abajo) porque su discurso
trasciende los límites entre
realidad y ficción. Semejantes límites -si es que aún
existen- se dan solamente entre libros y
también en este caso son diluidos (sie lösen sich auf)
por Borges. Esto está representado en
forma ejemplar en "Pierre Menard, autor del Quijote". La literatura
es instalada en el lugar
de la realidad, ella es realidad, ella hace realidad, y por esto es
hiperreal, virtual.
A razón de la eliminación de la realidad y de la mimesis
dentro de una semiosis nómada
como factores literarios, es decir, de la oposición entre ‘realidad'
vs. ‘ficción', los relatos de
Borges pueden ser difícilmente pars pro toto calificados como
mimesis de la realidad o como
el choque entre realidad y ficción, esto es, como fantásticos.
Según la definición
epistemológica y narratológica de Todorov (1970), que
se basa en la duda incierta de lo
ocurrido, lo fantástico nace particularmente de la oposición
entre ‘ficción' y ‘realidad'. Con
el traspaso en un primer momento del término mimesis a la relación
literatura/literatura
Borges obliga al lector a cambiar su actitud receptiva: éste
no debe esperar de su obra una
historia tradicional y coherente, tampoco un reflejo de la realidad
o un mensaje, sino que el
texto debe ser entendido como una realidad propia e inmanente en el
momento de la lectura.
Su estructura está caracterizada por una madeja laberíntica
que contiene una cantidad
indeterminada de textos conocidos, menos conocidos, desconocidos o
inventados, que son
valorizados con diversos predicadores tales como ‘universal' o ‘trivial'
por el sistema de la
cultura, pero no por Borges. El receptor puede aceptar esta aventura,
en cuanto se pone a
rastrear nombres de personas y de obras, de citas y de alusiones, o
simplemente se deja
arrastrar por el flujo de la corriente del significante, atraído
por la búsqueda inscrita en el
interior del texto. Para Borges no existen, al parecer, diferencias
ni entre géneros, ni valo-
rizaciones objetivantes de la literatura, sino la de un gusto personal.
Para él existen como
objetividad sólo signos (y en ningún caso ‘obras'), sintagmas
o morfosintagmas como
unidades motivantes. En este sentido es Borges un minimalista y un
fragmentarista. La
actividad lectoral de Borges lo lleva a ser productor de textos y no
al revés: su lectura lo
transforma en un mediador de signos múltiples, con lo cual crea
un sistema rizomórfico.
Borges no se queda en la oposición de que la literatura es mimesis
de la literatura -como
indicábamos más arriba-, sino que es ampliada por el
binomio ‘mimesis de la literatura' vs.
‘pseudo-mimesis de literatura'. Él produce la impresión
de un diálogo con otros textos, de
facto imagina/inventa mucho de esos textos, que hacen creer que imita
(por ejemplo, "Tlön,
Uqbar, Orbis Tertius"). Borges nos hace creer que tiene como punto
de referencia una
enciclopedia u otro tipo de textos que son inventados parcial o totalmente.
Otra alternativa es
que él borra las relaciones de tal forma que el origen del referente
se pierde en una infinidad
de trazas.
De esta forma los textos de Borges no son intertextuales al menos por
tres motivos que
quisiera agregar para completar mis observaciones precedentes al respecto:
Borges codifica
los textos primero en forma débil y segundo desviándose
del sistema referencial evocado;
tercero simula un sistema referencial que él cita y hace como
si él lo fuese a imitar. El
modelo de Borges es exactamente lo contrario de lo que sucede en El
Ingenioso Hidalgo Don
Quijote de la Mancha de Cervantes. Además Borges imagina sus
sistemas referenciales. Su
intertextualidad es por esto autorreferencial, un fantasma, una simulación;
y por último
Borges se desliga del dualismo que es esencial para la intertextualidad.
Esta posición estética de Borges es similar a la de Roland
Barthes quien describe en S/Z -
partiendo de concepciones de Derrida y del grupo Tel Quel- el texto
literario ideal de la van-
guardia denominándolo ‘scriptible', esto es, una actividad o
un trabajo literario donde la
lectura y la escritura se encuentran en un proceso de relaciones equivalentes
y abiertas, donde
la lectura se transforma en un re-escribir. Se trata, tanto en el caso
de Borges como de
Barthes, de una escritura de un presente absoluto (del absoluto hic
et nunc):
[...] c'est nous en train d'écrire, avant que le jeu infini du
monde (le monde
comme jeu) ne soi traversé, coupé, arrêté,
plastifié par quelque système singulier
(Idéologie, Genre, Critique) qui en rabatte sur la pluralité
des entrées, l'ouverture
des réseaux, l'infini des langages. (Barthes 1970: 11).
Las literaturas del pasado son activadas a través del autor Borges,
durante la lectura querealiza de
éstas el lector implícito de sus textos. Pero no se intenta,
ni bajo el aspecto de la
producción ni de la recepción textual, de adjudicarles
a los textos citados un nuevo sentido
para el presente, como así tampoco de reinterpretarlos o reconstruirlos,
una actividad que era
central en la teoría de la recepción de la escuela de
Constanza et alii. Los textos se reproducen
en forma radicalmente fragmentaria y sirven solamente de base para
un nuevo texto, que poco
o nada tiene que ver con el sintagma empleado. Este es, a nuestro parecer,
el punto central en
la poética de Borges que lo llevó a la concepción
de que ya todos los textos habían sido
escritos, que su obra era una repetición de otra ya escrita,
conocida o desconocida y que era
una contrapartida de otras obras, contentándose con "escribir
notas" sobre ellas.(3)
Esta posición no es una simple "coquetería" de Borges,
sino un pilar de su sistema
literario y propone otra teoría de la recepción hasta
la fecha desarrollada.(4) Borges niega con
esto la posibilidad de reactualizar (contemporizar) textos del pasado
en su sentido originario.
Lo que Borges toma de las fuentes no es su contenido, sino más
bien su estructura, la
cual es conducida a otro nivel y con esto transformada. Los textos
empleados parecen tener
solamente un sentido, el generar una idea, y por esto Borges nos revela
sus fuentes, las cuales
aparecen, cualesquiera que éstas sean, como ficción en
la ficción.
La mencionada oposición ‘mimesis de la literatura/ficción'
vs. ‘pseudo-mimesis de la
literatura/ficción' experimenta una última transformación
que nos da una posible respuesta del
por qué Borges ‘simula' y sobre la ausencia fantasmagórica
de la escritura: la transformación
se concretiza en la oposición ‘pseudo-mimesis de la literatura/ficción'
vs. ‘recepción/sueño/
experiencia mística'. En este caso tenemos un significante que
se transforma en cifras, en
símbolos de la percepción, al fin en trazas, que estimulan
la ‘diferancia'.(5) Borges mismo
describe este proceso cuando él confirma que el sueño
siempre precede a la literatura, al acto
de escritura (Borges 1985: 17; 22). Esta tensión entre la percepción
y el sueño, que es de
naturaleza rizomática, es decir, ajerárquica, inconsciente,
abierta y siempre en movimiento,
que se desarrolla según el principio del azar de una traza sin
origen y sin finalidad, no se
configura en su organización sígnica, lineal e intencional
en una dialéctica o en una metafísica
logocentrista de la idea de la idea, sino que es conservada en su total
diversidad. Y precisa-
mente aquí se encuentra el lugar epistemológico desde
donde afirmo que la escritura de
Borges se encuentra "más allá de la literatura" (A. de
Toro 1999: 137-162, 1999a: 129-153)
y que los significados erran sin sentido, así por ejemplo en
textos como "El idoma analítico
de John Wilkins" y en "Undr".
2.2. Lo anti-fantástico y la anti-intertextualidad
A continuación debo explicar por qué la literatura de
Borges no es de carácter fantástico e
intertextual como se ha venido sosteniendo en la crítica internacional.
La literatura fantástica se basa en estructuras narrativas en
las cuales se trata de
transgredir un límite topográfico o normativo (Lotman
1973), luego son estas estructuras
concebidas según un modelo histórico-cultural determinado
del mundo y que como tal está
sometido a transformaciones y cambios y es de naturaleza mimética.
Lo que se considera
como norma, límite y transgresión varía de cultura
a cultura, de época a época. Estas
estructuras elementales de ‘naturaleza mimética' se centran
en una confrontación entre
‘realidad' y ‘ficción' en la forma en que lo han descrito Jakobson
(1921/1971: 373-391),
Tynjanov (1924/ 1971: 393-431) y Höfner (1980).
Si revisamos brevemente la investigación sobre el subtipo textual
‘fantástico'
aprendemos que éste se define, al contrario que en la novela
o cuento realista, a través de la
oposición ‘realidad vs. maravilloso' donde se presupone que
la ficción está siempre empe-
cinada en imitar la realidad de forma exacta, de modelarla y problematizarla
o de entrar en
una competencia con ella.(6) Por esto
se puede comprimir la relación ‘literatura/realidad' en la
oposición ‘realidad vs. ficción' donde la ficción
-según Lotman (1973)- tiene un estatus de un
sistema secundario modalizante. Sin la oposición de lo inexplicable
y de lo real no se puede
definir el subtipo textual ‘fantástico'. La transgresión
de leyes y normas en un mundo
determinado (p.e. la transgresión de leyes de la verosimilitud)
se considera como fantástica.
La narración y el mundo de lo fantástico poseen todos
los criterios del mundo cotidiano-real,
donde de pronto los personajes se ven confrontados con acontecimientos
que van más allá de
la experiencia de un mundo normal.
Todorov (1970: 28-51; en especial 49) define lo ‘fantástico
puro' partiendo de una serie
de publicaciones que tratan el problema en base a la ‘indecidibilidad'
de lo acontecido por
parte del lector y de los personajes, es decir, en base a "un événement
étrange, qui provoque
une hésitation chez le lecteur et le héros", lo cual
implica una identificación entre lector y
personaje. Este criterio es altamente problemático, aun cuando
para Todorov no es un
principio sine-qua-non, sino una condición necesaria ya que
éste agrega que se trata de una
forma de leer que no debe ser ni ‘poética', ni ‘alegórica'.
Ambos procedimientos literarios o
tipos de lectura, el ‘poético' y el ‘alegórico' son descartados
del subtipo textual de lo
fantástico porque eliminan la ambigüedad que debe regir
la existencia entre lo real y lo
sobrenatural ya que todo aquello que fuese solamente sobrenatural quedaría
como un acto
autorreferencial literario, es decir, sin una referencia mimética,
ni conexión con el mundo
real, sería algo puramente maravilloso que se puede aceptar
o rechazar, pero que no
produciría ningún conflicto con la realidad, o se tomaría
lo maravilloso en forma alegórica y
estaría metonímica o metafóricamente como substituto
de otra cosa, que no sería ni
referencial ni autorreferencial. Y precisamente en este punto de la
discusión con la crítica
sobre el género de lo fantástico me asaltaron las dudas,
por una parte, de adscribir la obra de
Borges a este género -como es ya típico-, y por otra,
de si al menos algunas obras de Borges
más bien no son una negación de lo fantástico
como trataré de explicar y de demostrar en las
próximas páginas.
La realidad se puede definir solamente a través de la mimesis,
a través de la imitación
del sistema texto-externo ‘realidad' en relación con un concepto
de la realidad ‘Q' de una
cultura ‘Y' en una época ‘X'. Por esto, propongo entender el
término de ‘mimesis' como
‘imitación de una unidad cualquiera x' (siendo posibles diversos
sistemas referenciales tales
como la realidad, libros, etc.) y reservar el término ‘antimimético'
para una literatura
autorreferencial o donde domine este tipo de referencia. En este caso
es en un comienzo
indiferente cómo históricamente se ha venido definiendo
el término de ‘mimesis' ya que
‘mimesis' sólo quiere decir ‘imitación' y la forma en
que la imitación se pone en práctica -sea
la acción mimética compatible con una concepción
de la realidad o de la experiencia cotidiana
o incompatible con ella- es algo que está supeditado a variabilidades
histórico-pragmáticas
primeramente, mas no es en primer lugar un problema de la imitación.
Con respecto a lo fantástico en la obra de Borges, Bioy Casares
(1940/21965: 9-15; 1972:
222-230) propone en su ensayo introductorio a la Antología de
la literatura fantástica de 1940
una serie de criterios para la definición de lo fantástico
que son centrales para nuestra
argumentación. Bioy cita a "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius"
de Borges en relación con diferentes
tipos de plots fantásticos. Este texto es caracterizado como
"fantasía metafísica" (¡y no
fantástico!) y es clasificado como un nuevo género literario,
que participa del ensayo y de la
ficción [...] y destinado para intelectuales, estudiosos de
la filosofía, casi especialistas en literatura
(1940/21965: 14).
Pero Borges mismo clasifica en el prólogo a la colección
de "El jardín de senderos que se
bifurcan" (en la primera parte de Ficciones) "Tlön, Uqbar, Orbis
Tertius" como así también
a "Pierre Menard, autor del Quijote", "Las ruinas circulares", "La
lotería de Babilonia",
"Examen de la obra de Herbert Quain" y "La biblioteca de Babel" como
"fantásticas". El
texto de "El jardín de senderos que se bifurcan" es calificado
como "policial", es decir, como
una narración de detectives o algo similar. Además Borges
considera que todas las otras
narraciones del volumen de Ficciones, así como también
las reunidas en la segunda parte bajo
el título de "Artificios" "no difieren de las que forman el
anterior" (OC I: 483). En El Aleph
no existe un prólogo, pero en el epílogo se clasifican
todas las narraciones como "fantásticas"
(OC I: 629).
Tanto en el ensayo de Borges "El arte narrativo y la magia" del año
1932 como en el
prólogo que escribe a La invención de Morel de Bioy Casares
obtenemos varias observaciones
con respecto al estatus de lo fantástico. Ambos textos de Borges
fueron magistralmente
comentados, analizados e interpretados por Rodríguez Monegal
(1976), de tal modo que me
puedo limitar a algunas observaciones básicas. Comparto con
Rodríguez Monegal su opinión
que Borges rechaza un tipo de literatura realista y psicologizante,
oponiéndole la literatura
fantástica. Rodríguez Monegal entiende bajo ‘fantástico'
‘arte'/‘artificio' (cfr. también A. de
Toro: 1992; 1994; 1998). La literatura es entendida como algo conscientemente
fabricado que
no tiene como finalidad imitar. Punto medular de esta interpretación
de lo fantástico es la
negación de la realidad por Borges como sistema de referencia
y con esto la negación de la
causalidad como así también de las coordenadas espacio-temporales,
lo cual Borges en su
prólogo a la obra de Bioy Casares y en conexión a su
relato "El arte narrativo y la magia"
confirma nuevamente. ‘Lo fantástico' es para Borges equivalente
con ficcionalidad,
literariedad, con literatura y lo reconfirma claramente en una entrevista
del año 1985. Aquí
dice algo que ya había expuesto en su conferencia de 1945 en
Montevideo con el título "La
literatura fantástica" (cfr. Rodríguez Monegal 1976:
185ss.) y que se encuentra nuevamente
en "La flor de Coleridge" y en "Magias parciales del Quijote":
Podría decirse que la literatura fantástica es casi tautológica,
pero toda literatura
es fantástica. (Borges 1985: 18)
Así establece sin punto de dudas la homología ‘fantástico
literatura/ficción'. En esta
definición no juega ningún papel si los acontecimientos
son de orden sobrenatural (cfr.
también sus observaciones sobre Wells y Kafka, ibíd:
25) o no: éstos no son realistas en el
sentido que especialmente tiene este término en el siglo XIX.
Lo expuesto queda definitiva-
mente claro cuando Borges sostiene: "La segunda parte del Quijote es
deliberadamente
fantástica; ya el hecho de que los personajes de la segunda
parte hayan leído la primera es
algo mágico, o al menos lo sentimos como mágico" (ibíd.:
18), concluyendo unas páginas
más adelante que "la literatura es esencialmente fantástica"
(ibíd.: 25). Como sabemos Borges
se ocupó intensamente del Quijote(7)
y la parte aquí comentada por Borges se lee con el
trasfondo de la novela ‘picaresca'. Ginesillo de Pasamontes (uno de
los condenados a galera)
les cuenta a Don Quijote y Sancho Panza que está escribiendo
su vida y aventuras bajo el
título La vida de Ginés de Pasamonte en la tradición
de Lazarillo de Tormes. Cervantes
establece un paralelo entre vida in actu y la escritura de esa vida,
deconstruye paródicamente
el subtipo textual ‘verista' que pretende representar la vida tal como
es. Así establece
Cervantes otro paralelismo entre Don Quijote y Sancho que son confrontados
con su propia
historia. El bachiller Sansón Carrasco informa a Don Quijote
y Sancho Panza en la parte II,
capítulo I: 1/III, que su historia ha sido publicada en un libro
con el título El Ingenioso
Hidalgo Don Quijote de la Mancha, es decir, tenemos una duplicación
de dos obras. De
pronto han pasado los personajes de imaginarios a reales. Lo que comenzó
como ficción se
transformó en un libro. Para Don Quijote y Sancho Panza es el
libro sobre sus aventuras parte
de la historiografía. Los dos héroes se transforman en
‘lectores' de su propia historia y
discuten con Sansón Carrasco pasajes incorrectos y falsos del
cronista. Sansón Carrasco
interviene enseñándoles que el poeta debe narrar la historia
como "si ésta hubiese ocurrido de
esa forma" y no "como ésta ha ocurrido realmente" ya que eso
es tarea de los historiadores.
Es muy fácil reconocer que Sansón Carrasco está
citando la Poética de Aristóteles y tratando
la relación entre realidad y ficción (la verosimilitud).
En "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" irrumpen los hrönir, provenientes
del planeta imaginario
Tlön, en la "realidad de la ficción". En Cervantes saltan
los grafemas de la ficción a lo real,
en Borges se trata de objetos, signos (letras del abecedario de Tlön).
Por otra parte Don
Quijote proviene de las novelas de caballerías, una obra ficcional
tiene su origen en obras
ficcionales. El origen del origen de Tlön se deriva de un artículo
de una enciclopedia en la
cual se describe el país de Uqbar, y he aquí la ruptura,
la diferencia con Cervantes: ¡la
enciclopedia es inexistente! Los autores proceden de forma análoga,
pero a la vez diferente y
la diferencia radica en la actitud frente a y en el resultado del trato
que le dan a la relación
realidad/ficción. Mientras Cervantes considera ambas unidades
como problemáticas y por esto
dignas de un sujeto, este binomio no representa ningún problema
para Borges. Mientras para
Cervantes la pregunta de si la realidad se puede captar en escritura
se encuentra en el centro
de su reflexión, esta pregunta no tiene lugar en el pensamiento
de Borges. Mientras Cervantes
fracasa al querer dar una respuesta al problema a causa de la complejidad
de la realidad, de
aquélla de su tiempo que se caracterizaba por cotingencia, Borges
se queda en su mundo de
signos, ya que los libros establecen en primer lugar referencias con
signos y no con otros
sistemas. Por esto Borges considera a Don Quijote, y con éste
a toda la escritura (literatura)
como ficcional, en su terminología de ‘fantástico (a)'.
Cervantes no se ocupa del estatus de su escritura, si ésta es
fantástica o no, sino que está
tratando de liberarse del poder de la mimesis y de la verosimilitud,
él lucha todavía con la
realidad, pero toma modelos literarios como sistema de referencia para
la controversia con
ella. Cervantes inaugura aquel debate en la Época Moderna que
luego Sterne, Fielding y
Diderot continuarán, esto es, la discusión sobre la oposición
entre ‘realidad vs. ficción'. En
este caso no se trata de la oposición ‘realidad vs. sobrenatural',
sino de un problema
epistemológico-literario. Tampoco explica Cervantes cómo
sus imaginados y fantasmagóricos
personajes se transforman de pronto en reales, en personajes serios,
dignos como tema para
la historiografía. Cervantes se desprende de la oposición
‘realidad vs. imaginario' a través de
la no-explicación: la irrupción de la historiografía
en la realidad queda como adivinanza.
La comparación con Cervantes ha querido contribuir a explicar
que Borges bajo el término
‘ficción' entiende un trabajo textual antireferencial y de ninguna
manera construye una
oposición cuando define ‘ficción' en el sentido de ‘lo
fantástico'. Esto lo vemos claramente
cuando Borges en su conferencia sobre "La literatura fantástica"
menciona categorías
distintivas para la definición de lo fantástico tales
como "el libro en el libro", "la
contaminación de la realidad a través del sueño",
"el viaje en el tiempo" y el "doble". Mas
en la entrevista de 1985 (p. 25) se resiste a definir ‘lo fantástico',
dejando este término a la
deriva:
Todo es posible [...] no sé, por ejemplo, en el caso de Wells
tenemos un hecho
fantástico entre muchos hechos cotidianos; en cambio en el mundo
de Kafka no,
todo parece fantástico. Todo puede ensayarse, pero lo importante
es que el
resultado sea feliz. (ibíd.: 17)
Lo más importante para Borges son la imaginación y el
sueño. Como respuesta a la pregunta
que "Arthur Machen [...] afirma en su libro Los tres impostores que
la función del hombre
de letras es inventar una historia maravillosa y contarla de una manera
maravillosa", Borges
dice "[...] que lo importante es soñar sinceramente, creo que
si no hay un sueño anterior la
escritura es imposible. Yo empiezo siempre por soñar, es decir,
por recibir un sueño" (ibíd.
y 22) antes de escribir.
La conferencia de Borges del año 1945 y la aquí citada
entrevista de 1985 corroboran la
opinión de Borges sobre el Quijote y que la literatura fantástica
sea la más antigua y la realista
la más joven (Borges 1985: 25). Pero existe entre ambas una
diferencia en la función que
Borges le atribuye a lo fantástico en ese entonces: él
considera la literatura fantástica "[...]
como verdaderos símbolos de estados emocionales de procesos
que se operan en todos los
hombres. Por eso, no es menos importante la literatura fantástica
que la realista" (cit. en
Rodríguez Monegal 1976: 188). Proceso y estados emocionales
representan percepciones
subjetivas de cierta forma místicas. En la entrevista mencionada
Borges responde a la
pregunta que si ha sido influenciado por la mística, que él
casi no la ha leído, con la
excepción del iluminista Swedenborg y Blake y algo de los sufíes.
Borges se deshace de la mimesis. Un buen ejemplo para lo antifantástico
y para la anti-
intertextualidad en la obra de Borges lo tomamos del prólogo
a "El jardín de los senderos que
se bifurcan" en Ficciones (OC I: 429), donde Borges cita a Sartor Resartus,The
Life and
Opinions of Herr Teufelsdröckh (1833/34) de Thomas Carlyle (1795-1881),
una obra que
según Borges representa un perfecto ejemplo de un autor que
no solamente ha resumido y
comentado libros, sino que los ha simulado. Borges escribe también
sobre libros imaginarios
como, por ejemplo, The Anglo-American Cyclopaedia, donde -como sabemos-
se encuentra
un artículo sobre Uqbar y allí dentro otro sobre Tlön
que es un planeta imaginado dentro de
una cultura de lo fantástico. Si preguntamos qué hemos
aprendido de la lectura del libro de
Carlyle para la interpretación de estos relatos, tenemos que
responder: nada.
Una experiencia semejante tenemos con el mencionado Johannes Valentinus
Andreae
(1586-1654), quien publica en 1616 el libro Chymische Hochzeit Christiani
Rosencreutz anno
1459 en Estrasburgo, una obra totalmente ficticia que fue tenida por
seria y verdadera hasta
el punto que se le sometió a Andreae a un proceso por herejía.
Borges le adscribe al teólogo
de Württemberg la obra Lesbare und lesenswerthe Bemerkungen über
das Land Ukkbar in
Klein-Asien (1641). Mientras el autor es real y un personaje histórico
la obra es imaginada
como el relato "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius". La obra escrita por
Andreae no es citada por
Borges, sino sólo el nombre del autor que toma al parecer de
De Quincey (1785-1859), Wri-
tings, vol. XIII (OC I: 433). De hecho se encuentra en esa obra un
largo resumen sobre la
persona y la obra de Andreae. Tampoco en este caso hemos ganado nada,
o casi nada con
respecto a la constitución tradicional de la significación.
Lo que aprendemos se reduce a la
banal constatación de que los autores y obras citados por Borges
pretenden, quieren
reemplazar la realidad por los libros y además simulan esos
libros. Esto nos indica que Borges
no procede intertextualmente sino que "imita" la intertextualidad,
hace como si emplease esos
textos, nos parecen similares a otros, pero no son reconocidos en su
lugar originario. La
cuestión es, por qué Borges procede de esta forma.
Si bien entiendo, la intertextualidad es el resultado de un principio
de mimesis que
consiste en que un posttexto entra en diálogo con un pretexto
obteniéndose de ahí un inter-
texto (A. de Toro 1992/21995: 145-184). Se toman determinadas estructuras
estilísticas o se-
mánticas. De esta forma emplea Cervantes las novelas de caballería
para su Don Quijote
como base dialogal textual-hiperreal, es decir con una evidente y fuerte
codificación. En este
caso se puede describir en forma precisa con qué función
se ha tomado un modelo
determinado como referencia y cómo ha sido transformado. Mas
también en obras en las
cuales constatamos solamente una actividad hipotextual, es decir, allí
donde la dialoguicidad
literaria no es tan evidente, es posible describir con claridad el
subyacente palimpsesto a
través de un duro y paciente trabajo y sus cambios funcionales
durante el traspaso de un
contexto a otro. Me explico: si hablamos de intertextualidad debemos
partir de una actividad
mimética donde el procedimiento intertextual recurre a sistemas
débil o fuertemente
codificados, que a su vez pueden ser parcial o totalmente decodificados.
Si no se parte del
concepto de mimesis no podemos hablar de intertextualidad, ya que esta
interacción no podría
ser reconocida y de tal forma sería inexistente. No se trata
pues de imitar todo un sistema,
una cadena de sintagmas, ya que incluso pequeñas estructuras
(por ejemplo, un lexema, un
género, p.e. soneto) tienen la fuerza de imitar o más
bien de evocar todo un sistema o toda
una tradición genérica. Para mí es importante
la funcionalidad de semejantes estructuras y el
valor de conocimiento de una semejante dialoguicidad.
Borges cita de hecho una enorme cantidad de textos, por ejemplo en
"Tlön, Uqbar,
Orbis Tertius", pero estas obras no se ‘emplean' ni tampoco se ‘usan'
ni como un todo ni
como parte en el nivel del objeto textual. Borges no le adjudica a
las partículas citadas del
pretexto en el postexto un cambio de función sintagmático-semántico.
Por esta razón no se
produce un intertexto y de ahí que no se practique la intertextualidad
-al menos como se ha
venido definiendo hasta el momento-, sino que Borges simula la intertextualidad.
Si la
escritura de Borges no fuese otra cosa que una forma elitista del l'art
pour l'art, del juego
literario -contra lo cual no tengo ninguna objeción- y si a
esa escritura se le negase cualquier
significación ‘lógico-racional', luego tenemos que preguntarnos
por qué Borges simula. La
respuesta la encontré en un nivel epistemológico, es
decir, más allá de la literatura funcional,
en el campo de los signos puros, esto es en una idea del mundo como
signos absolutos y
literatura como un trabajo gnóstico-semiótico como resultado
de un profundo escepticismo y
de la conciencia que el mundo y la realidad no pueden ser captados,
sino que son per-
cepciones subjetivas y fragmentarias del mundo. Con esto Borges elimina
el ‘yo' como
centro, se vuelca a la simulación y comienza a desarrollar un
pensamiento rizomático. Esta
postura de Borges alcanza incluso la calidad de un misticismo semiótico
en el cual se literariza
el discurso gnóstico empleándose como un tipo de significación.
De allí que la verdad no
pueda existir para Borges, a no ser como un significado vacío
que va a la deriva, se desplaza,
se pierde y se diluye como en el relato "Undr" y "La escritura del
Dios". La verdad se puede
tan solo prever o entrever por un minúsculo momento y se la
puede experimentar en una
visión, en un sueño, en un trance místico y por
esto no es transmitible. Al fin Borges niega
la posibilidad del conocimiento científico (empírico/positivista
o lógico) como ya Flaubert lo
había hecho en el siglo XIX en su novela inconclusa Bouvard
et Pécuchet.
Ahora bien, si Borges no produce una literatura mimética porque
él -como hemos
demostrado- nunca o casi nunca se refiere a la realidad y si su escritura
simula la mimesis
literaria, luego sus textos no pueden ser per definitionem calificados
de fantásticos. Borges se
deshace de cualquier tipo de mimesis frente a la realidad o frente
a la literatura y reemplaza
este principio por el principio de la simulación de tercer grado
en el sentido de Baudrillard
(1981) y de rizoma en el sentido de Deleuze y Guattari (1976).(8)
Indicaba que Borges reemplazaba la oposición binaria de ‘realidad
vs. ficción'
finalmente por la de ‘mimesis de la ficción' vs. ‘pseudo-mimesis
de la ficción'. Debo además
aclarar mi terminología con respecto a mis publicaciones anteriores:
en el caso de la oposición
binaria ‘realidad vs. ficción' debemos entender bajo ‘ficción'
en un primer momento un tipo
de literatura mimético-referencial. Bajo el término ‘mimesis
de la ficción' significa ‘ficción'
una actividad antirreferencial y antimimética, al fin autorreferencial.
Si estando de acuerdo
con gran parte de la crítica que Borges bajo ficción
no entiende una referencialidad texto
externa, sino escritura, y que literatura o literariedad para él
significa ‘lo fantástico', tenemos
una profunda transformación del término fantástico
como se ha venido definiendo y
describiendo. Genette (1964: 323-327) opinaba -con respecto a Borges-
que erudición era una
condición para el género fantástico moderno y
Chiacchella (1987: 103), siguiendo a Genette,
comparte este punto de vista. En un aspecto fundamental difiero, eso
sí de Genette y
Chiacchella en cuanto erudición está aquí establecida
como intertextualidad. Borges hace uso
de su erudición, pero no solamente simula la intertextualidad,
sino que además emplea el
procedimiento del rizoma.
2.3. ‘Simulación rizomática' o ‘azar dirigido'
2.3.1. Simulación rizomática
Como sabemos el término ‘rizoma' se basa en seis principios (la
‘conexión', la ‘heterogenei-
dad', la ‘multiplicidad', la ‘ruptura asignificante', la ‘cartografía'
y la ‘decalcamonía') y
representa un procedimiento ad libitum de proliferación donde
no existe ni centro ni origen,
que niega y termina con dualismos tales como sujeto/objeto, yo/tú
y donde los diferentes
elementos no son reducibles a un sistema superior. El rizoma permite
la reunión de diversos
sistemas (acontecimientos históricos, individuos, grupos sociales,
teorías, etc.) en un lugar y
en forma contigua: las diversas formaciones funcionan ajerárquicamente.
El pensamiento
rizomático tiene la capacidad de ‘desterritorializar' y ‘reterritorializar'
sistemas. En el
concepto de rizoma no hay ni mimesis ni similitud, sino la conjunción
de dos o más sistemas
heterogéneos. Todo este campo tiene mucho que ver con la realidad
virtual y con la
simulación que se establecen como realidad. Aquí yace
un punto de conexión entre la teoría
del rizoma y de la simulación. Baudrillard (1981) entiende por
simulación una realidad
virtual, una realidad que no es la empírica y por esto no conoce
ninguna referencia; se trata
de una realidad inventada que reproduce aquello que no existe, la simulación
consiste en una
realidad virtual que se implanta como LA REALIDAD en sí, como
HIPERREALIDAD:
Aujourd'hui l'abstraction n'est plus celle de la carte, du double, du
miroir ou du
concept. La simulation n'est plus celle d'un territoire, d'un être
référentiel, d'une
substance. Elle est la génération par les modèles
d'un réel sans origine ni réalité:
hyperréel. Le territoire ne précède plus la carte,
ni ne lui survit. C'est désromais
la carte qui précède le territoire - précession
des simulacres -, c'est elle qui
engendre le territoire et s'il fallit reprendre la fable [...]. (Baudrillard
1981: 10)
Para Baudrillard (1981: 12-13) la simulación es la eliminación
de la referencia y por esto es
ésta altamente libre y combinatoria. No se trata de una mimesis
en forma de una parodia, sino
simple y llanamente del reemplazo de la categoría ontológica
de la realidad (dissuasion du
réel). La simulación ofrece todos los signos de lo real,
pero de facto simula/reeamplaza (no
reproduce). La simulación niega la diferencia entre realidad
y ficción, entre verdadero y
falso, entre origen y efecto y elimina las relaciones causales propagando
el juego en forma
radical.
Este fenómeno es simple: existen signos que insinúan
esconder algo, otros que simulan
algo que no existe. El primer tipo representa la tradición de
lo verdadero y de lo secreto, el
segundo inaugura la época de la simulación (Baudrillard
1981: 16-17). El medio de transporte
se transforma en mensaje (ibíd.: 41) con lo cual el medio devora
al mensaje. La creciente
cantidad de información reduce el contenido a cero.
2.3.2. El ‘azar dirigido' y la simulación
El término ‘azar dirigido' lo he acuñado (A. de Toro 1987)
en relación con la obra de Robbe-
Grillet y la música serial-aleatoria de Boulez que luego me
ha sido altamente útil para el
análisis de la obra de Borges (A. de Toro 1998). Este procedimiento
se manifiesta sobre la
base de una estructura rizomática, absolutamente abierta, no
ordenada de sueños. Así se
literarizan y determinan sueños, visiones místicas, es
decir, son ‘dirigidos'. La pregunta que
nuevamente debemos hacer es, ¿por qué Borges inventa
y simula libros? Se nos ofrece como
una respuesta momentánea que Borges intenta expresar procesos
de percepción en el contexto
de un ‘sueño semiótico', es decir, de un sueño
transcodificado en signos. Partiendo de esta
reflexión podemos construir una nueva oposición: la de
‘pseudo-mimesis de la ficción' vs.
‘percepción/sueño/experiencia mística'. Se trata
de una transcodificación de significantes que
no buscan significados o referencias, sino que se convierten en símbolo
desesperado, en cifra
de sueños que intentan comunicar aquello que solamente es posible
vivir en la total
subjetividad e intimidad de una experiencia. En este contexto recibe
aquella ya mencionada
explicación de Borges una central importancia: que el sueño
debe preceder a la literatura, al
acto de escritura. Este procedimiento del ‘azar dirigido' es lo que
luego he llamado‘simulación
rizomática' y caracteriza actos literario-rizomáticos.
También he calificado este
tipo de literariedad "como el intento de recodificar signos que por
su recorrido durante la
historia han perdido su significancia (como es el caso en Pierre Menard)
[...]" (cfr. también
Schulz-Buschhaus 1991: 390-391). Agrego que Borges va más allá
de la literatura en cuanto
éste alcanza el límite de lo pensable (por ejemplo, en
la clasificación de los animales en una
enciclopedia china en "El idioma analítico de John Wilkins")
o en cuanto Borges libera a los
signos del significado y los transforma en significantes místicos,
mágicos y absolutamente
abiertos que son capaces de evocar una revelación mística
(así en "Undr").(9)
Las transformaciones de oposiciones descritas las podemos resumir de
la forma siguiente:
Oposiciones
‘realidad' vs. ‘ficción'
‘realidad vs. ficción' vs. ‘mimesis de la ficción'
‘mimesis de la ficción' vs. ‘pseudo-mimesis de la ficción'
Desintegración de las oposiciones
‘pseudo-mimesis de la ficción' ‘actividad literaria rizomática-dirigida'
----------------------------------------------------------------------------------------
‘percepción/sueño/experiencia mística'
RIZOMA/SIMULACIÓN
3. POSTCOLONIALIDAD
Bajo postcolonialidad, como parte del pensamiento y del conocimiento
postmoderno (como
así de la vida postmoderna) entendemos un discurso de los colonizadores
y de los colonializa-
dos, de la periferia y del centro, un término cultural que recodifica,
perlabora el pasado y el
presente en un futuro. La postcolonialidad como perspectiva postmoderna
se caracteriza por
una actitud y por un pensamiento deconstruccionista (en el sentido
de una reflexión crítico-
creativa), intertextual e intercultural, por un pensamiento re-codificador
de la historia (que
descentra la historia), por un pensamiento heterogéneo o híbrido,
subjetivo y de radical
particularidad, de radical diversidad y por consecuencia universal.
La postcolonialidad no es
excluyente, sino que incluye la multidimensionalidad, es decir, la
interacción de diversas
series codificadas del conocimiento con la finalidad de desenmascarar
aquello como
contradictorio e irregular que en el colonialismo y neocolonialismo
había sido instaurado
como la historia, como la verdad irrefutable. A través de este
procedimiento se interpretarían
las contradicciones, la pluralidad, las rupturas y la discontinuidad
de la historia y de la cultura
concretizada en los diversos discursos, como lo son los discursos ficcionales
(vid. A. de Toro
1995: 16-21).
También en este campo Borges ha iniciado un cambio de paradigma
que en un principio
fue desconocido. Para ilustrar lo expuesto comienzo con un breve análisis
del conocido texto
de Borges "El escritor argentino y la tradición". Partimos de
dos premisas: una es que Borges
es un autor que se apropió del pasado, se apropió de
su deuda con el pasado y crea un futuro.
Si Latinoamérica es periférica y colonizada y todo viene
de fuera, entonces existe la
legitimación de hacer suyos los elementos culturales del centro.
Pero en el momento en que
Borges comienza su lectura e inicia su viaje a través de la
literatura no se sirve de ésta como
un pastiche intertextual, como una parodia, sino que la elabora y la
perlabora produciendo su
discurso, inconfundible, ‘menor' (en el sentido de Deleuze 1975) puramente
de Borges (¿y
con esto argentino?). La otra es que al discurso de Borges, en el momento
de la modernidad
y del neocolonialismo no se le reconoce su valor, no se le considera;
en el mejor de los casos
se le usurpa ávidamente, sin mencionarlo y se le niegan los
aportes para reclamarlos como
parte del centro. Esta situación cambia, en parte, en el momento
en que se le empieza a
malcitar, es decir, se le cita, pero incorrectamente, sin fe, con displicencia,
pero también
accede al centro.
El discurso de Borges presenta la pugna, la difícil relación
entre periferia y centro que
se puede resumir, grosso modo, en los siguientes tipos de relación:
a) se le conoce, pero se
le oculta (ej. nouveau roman, roman Tel Quel); b) se le conoce, pero
se le refuta como
arcaico (Ricardou 1967: 93-94); c) se le emplea como punto de arranque
fundamental
(Foucault); d) se le emplea, pero se le interpreta equivocadamente
(Baudrillard); e) se le
ignora totalmente (Deleuze/ Guattari).
Borges inicia su texto con la constatación de que el tratamiento
del problema del escritor
argentino y la tradición, o mejor dicho, de lo que caracterizaría
la literatura argentina, de lo
argentino, finalmente de la identidad argentina, y con esto, de la
relación de Argentina con
los otros, de la periferia que quiere ser centro, con el centro, es
una dificultad imposibile de
resolver (OC I: 267), y aún más, de que semejante problema
"no existe", que se trata de un
mero problema retórico, apto para lo patético (es decir,
para localismos, para patrioterismos
de bar). El "problema", para Borges, se reduce a una "apariencia",
a un "simulacro", a un
"pseudoproblema".
Opinamos que el problema "argentino" aquí tratado es el problema
latinoamericano y de
la periferia en general. Lo que Borges está realmente tratando
es la relación periferia/ centro,
en el sentido que le dan Said (1978/21994), Bhabha (1994) y Spivak
(1990, 1993), y hace un
análisis de los argumentos que se emplean para constituir un
discurso legitimista de lo
argentino refutando punto por punto tanto elementos genéricos,
temáticos como aquéllos
meramente formales. La argumentación de Borges se puede resumir
en tres tesis que él da a
conocer y refuta y que son provistas con diversos ejemplos.
Primera tesis: el "color local". La literatura argentina se basa en
la poesía gauchesca y
en su léxico, en procedimientos y temas que forman un arquetipo,
digamos un paradigma.
Este criterio lo califica Borges de "instintivo y sin razonamientos".
Los representantes de esta
tesis dan como ejemplo Martín Fierro y lo equiparan en su función
paradigmática con las
obras de Homero. Borges da como ejemplo, contra esta tesis, el Alcorán,
sus propias obras,
en particular La muerte y la brújula y Don Segundo Sombra de
Ricardo Güiraldes.
La segunda tesis consiste en la aseveración de que los escritores
argentinos deben seguir
la tradición española para fundar la propia y la tercera
tesis propaga que los argentinos están
desvinculados del pasado, separados de Europa, que se encuentran como
en los primeros días
de la creación, de allí el buscar temas y procedimientos
europeos es un error.
Argumentos de Borges contra la primera tesis: la obra del Martín
Fierro es una obra para-
digmática, pero no arquetípica ya que es un eslabón
en una cadena, no es punto de partida, no
es el origen mismo. Además, la equivalencia que se propone entre
el género gauchesco y el
arte de los payadores no es válida ya que difieren en forma
sustancial. Mientras los payadores
tratan de emplear una lengua culta y rehuyen lo popular, los escritores
cultos de la gauchesca
tratan de emplear localismos de tal modo que deben incluir un glosario
en sus libros para
poder ser comprendidos. Mientras los payadores se ocupan de temas generales,
los cultos se
ocupan de temas populares y locales.
La conclusión de Borges es que las obras gauchescas son tan
artificiales como cualquier
otra obra literaria y que el criterio del color local es inadecuado
para la definición de "lo
argentino" (recordemos en este lugar el juicio negativo de Borges sobre
el intento de Flaubert
en Salambô) y da una serie de ejemplos de obras que no emplean
el color local y son
argentinas, por ejemplo, La urna de Enrique Banchs, donde se mezcla
lo local con lo univer-
sal, los tejados de los suburbios de Buenos Aires y los ruiseñores
de la tradición griega y
germánica. Según Borges, lo argentino radica en el uso
de las imágenes, el ruiseñor represen-
ta simbólicamente el pudor argentino, la dificultad para las
confidencias y para la intimidad.
El problema se plantea en la conciencia de un contexto cultural periférico,
ya que si se
argumentase desde un punto de vista meramente cultural general este
problema de lo
autóctono, de la identidad, de las "influencias" desaparecería.
Así, Borges menciona a Racine
y a Shakespeare quienes tomaron temas de Italia y de la antigüedad
greco-latina y a nadie se
le ocurriría negarle a Racine lo francés y a Shakespeare
lo británico. Incluso, agrega Borges,
los que abogan por el "color local" deberían rechazar esta teoría
por ser una estética
extranjera.(10) Otro ejemplo es la
mención del Alcorán, obra en la cual no se mencionan los
camellos, que según Borges, por ser éstos parte de esa
cultura no tenían porqué ser especial-
mente mencionados. La falta de camellos se transforma, en este caso,
en una prueba de la
autenticidad del Alcorán en caso de duda y no la negación
de su identidad. Borges se
pregunta: ¿quién se empecinaría en mencionar los
camellos?:
Un falsario, un turista, un nacionalista árabe mencionaría
a cada paso los camellos
y sus caravanas. [...] Mahoma, como árabe, no tenía por
qué saber que los came-
llos eran especialmente árabes; eran para él parte de
la realidad, no tenía por qué
distinguirlos [...] pero Mahoma como árabe, estaba tranquilo:
sabía que podía ser
árabe sin camellos. Creo que los argentinos podemos parecernos
a Mahoma, pode-
mos creer en la posibilidad de ser argentinos sin abundar en color
local (OC I:
270).
En esta tesis Borges ofrece como ejemplos algunas de sus obras, aquellas
donde al comienzo
pululan los localismos y que él considera como "libros ahora
felizmente olvidados" (ibíd).
Así, para Borges La muerte y la brújula es una pesadilla
donde se deforman elementos de
Buenos Aires y los lugares son denominados con nombres franceses. A
pesar de todo, los
lectores descubren "el sabor de las afueras de Buenos Aires" (ibíd.:
271).
Borges provee como un último ejemplo Don Segundo Sombra de Ricardo
Güiraldes,
libro que se califica de nacional pero que según él está
lleno de metáforas "de los cenáculos
de Montmartre, cuya fábula toma de Kim de Kipling y cuya acción
tiene lugar en la India,
obra que a su vez está bajo el influjo de Huckleberry Finn de
Mark Twain, epopeya del
Misisipi". Borges hace notar que ese libro, considerado como tan nacional,
ha necesitado de
tres contextos culturales para ser lo que es.
Borges considera inaceptable que "los nacionalistas" propagen "venerar
las capacidades
de la mente argentina" limitando "el ejercicio poético de esa
mente a algunos pobres temas
locales, como si los argentinos sólo [pudiesen] hablar de orillas
y estancias y no del universo"
(ibíd.: 271).
Argumentos contra la segunda tesis: respecto del planteamiento de seguir
la tradición
española, Borges tiene dos objeciones. La primera consiste en
que si la historia argentina [y
de Latinoamérica] puede definirse por el intento de apartarse
o de distanciarse de España,
entonces estamos ante una contradicción, puesto que no se puede
proponer la ex-potencia
colonial como ejemplo y origen. La segunda reside en que el placer
por la literatura española
es adquirido y no siempre son los textos españoles bien recibidos
y son "difícilmente
gustables sin aprendizaje especial" (OC I: 272), mientras, que por
el contrario, la literatura
francesa o inglesa no plantea problemas de recepción, pero sí
la literatura española.
Argumentos contra la tercera tesis: Borges no comparte la opinión
de que argentinos [y
latinoamericanos] estén desvinculados del pasado, separados
de Europa y que se encuentren
en un estado de iniciación y que por esto toda vinculación
cultural con Europa sea falsa ya
que precisamente por la juventud de Latinoamérica existe otra
sensibilidad histórica y
temporal. La vinculación con el viejo mundo es tan estrecha
que todo lo que allí ocurre tiene
un gran impacto en el nuevo mundo, y en particular, en Argentina.
Luego de haber refutado todas las posibilidades, el discurso de lo argentino
se funda en base
a las categorías expuestas y discutidas, Borges concluye lapidariamente
afirmando que la
tradición argentina [latinoamericana] está sumergida
en la cultura occidental y tiene aún más
derecho a ella con respecto a los que pertenecen a las naciones que
son dueñas de la misma.
Haciendo una comparación paralela con los judíos, sostiene
que actuamos dentro de la cultura
occidental pero no nos sentimos atados a ésta, de allí
la capacidad de innovación:
Creo que los argentinos, los sudamericanos en general, estamos en una
situación
análoga; podemos manejar todos los temas europeos, manejarlos
sin
supersticiones, con una irreverencia que puede tener y ya tiene, consecuencias
afortunadas. (OC I: 273)
Para Borges esta discusión sobre el problema de lo argentino,
es decir, de la identidad, de lo
propio, es un error porque "refleja el eterno problema del determinismo",
es decir, de la
eterna pregunta sobre el origen, de la traza unificante, de la continuidad
en el tiempo. Borges
aboga por la condición abierta, por la postmodernidad, al sostener
que:
[...] nuestro patrimonio es el universo; ensayar todos los temas, y
no podemos
concretarnos a lo argentino para ser argentinos: porque o ser argentino
es una
fatalidad y en ese caso lo seremos de cualquier modo, o ser argentino
es una mera
afectación, una máscara.
Creo que si nos abandonamos a ese sueño voluntario que se llama
la creación
artística, seremos argentinos y seremos, también, buenos
o tolerables escritores.
(OC I: 274)
Esta cita es una definición ejemplar de lo que venimos denominando
postcolonialidad, la
vinculación, la relación del propio contexto con otros
que están fuera de la propia localidad,
la apropiación y la reclamación de discursos y fenómenos
culturales que son patrimonios de
todos y no sólo de una región cultural.
Borges demostró muy temprano, y con cierto éxito, el
camino a seguir. El discurso
borgesiano es inconfundible, pero ¿es éste argentino?
La pregunta nos parece carente de
sentido. Sin embargo, si tratamos de responderla podemos tan sólo
decir que el discurso de
Borges es argentino desde un punto de vista cívico y geográfico.
Lo curioso es que un buen
número de argentinos y latinoamericanos, incluso más
allá del mundo académico, tuvieron
problemas en aceptar, por mucho tiempo, lo argentino o latinoamericano
en la producción
literaria de Borges. En publicaciones actuales observamos la posición
opuesta: Borges es
focalizado como escritor de Buenos Aires. Mas, la obra de Borges no
se deja meter en
etiquetas, pertenece tanto a una tradición hispano-argentina
como a una europea que está
abierta a otras culturas como la musulmana y a todas las literaturas.
Lo que lo hace grande es su universalidad, el incluir en su literatura
y pensamiento lo
uno y lo otro, el ser literatura sin confines ideológicos ni
geográficos lo cual se puede percibir
en el interés y fascinación que Borges tiene por Kafka,
y cuando describe su obra, está a la
vez describiendo su propia escritura. Esta fascinación radica
explícitamente en esa infinitud
de su escritura que siempre se escapa (‘postergación infinita',
Borges 1982: 10, 19) y nunca
puede ser determinada a un lugar (‘regressu in infinitum', ibíd.:
9, 19) como lo revela la
siguiente cita:
Kafka en cambio tiene textos, sobre todo en sus cuentos, donde se establece
algo
eterno. A Kafka podemos leerlo y pensar que sus fábulas son
tan antiguas como la
historia, que esos sueños fueron soñados por hombres
de otra época sin necesidad
de vincularlos a Alemania o a Arabia. El hecho de haber escrito un
texto que
trasciende el momento en que se escribió es notable. Se puede
pensar que se
redactó en Persia o en China y ahí está su valor.
(Borges 1983: 3)
CONCLUSIÓN: LITERATURA 'MENOR', 'VIRTUAL', REESCRIBIR DESDE
EL
DESIERTO
Borges produce con su escritura en los años 40 un salto cuántico
con respecto a las bases
epistemológicas de su obra y a un pensamiento cultural y filosófico
que se va a desarrollar en
particular en la segunda mitad de nuestro siglo.
Como los signos están preñados de significación
Borges tiene que re-escribirlos (usando en
este lugar un término de Lyotard). En este intento alcanza el
límite del pensamiento, de lo
pensable, de lo imaginable. En este sentido crea "monstruosidades lingüísticas"
(Foucault),
y en ello radica el cambio de paradigma, lo fantástico en su
escritura, en un sentido
semiótico-epistemológico, en cuanto Borges alcanza en
sus textos los límites del pensamiento,
de aquello que él piensa y lleva al papel lo que cree reconocer
pero se da de otra forma (11).
Borges crea ese tipo de lo fantástico en cuanto él "n'altère
aucun corps réel, ne modifie en
rien le bestiaire de l'imagination" (Foucault 1966: 7), es decir, estamos
describiendo la
simulación rizomática, en cuanto Borges hace ‘literatura
con la literatura', como el ‘cocodrilo
hace tronco con el tronco'. Lo que en la idea y en el pensamiento tradicional
aparece como
irritante y como transgresión en la clasificación de
animales es sencillamente el hecho de que
campos semántico-pragmáticos muy diversos y aparantemente
opuestos o sin relación alguna
son conectados por Borges a través de una arbitraria contigüidad
de términos que se excluyen
los unos a los otros. La "monstruosidad" de la escritura de Borges
no radica en primer lugar
en la enebración y en la vecindad de los términos, sino
primordialmente en que se reúnen en
un espacio común (=texto, hoja escrita) que deshecha cualquier
lazo semántico o pragmático
en común. Así se destruye el lenguaje habitual y se reemplaza
por signos absolutos. Aquí
vemos claramente que no existe un logos común. Aquí nace
el ‘terror' que inspiran los textos
de Borges, aquí se abre el abismo de lo incomprensible, del
no-poder-entender. Este es el
lugar de lo fantástico par excellence como ficción pura
(como escritura y literatura) como
Finné (1980) lo postula para este subtipo textual, más
sin un trasfondo mimético. Aquí
tenemos el lugar de lo lúdico, de lo artificial (del rizoma),
de la autorreferencia que
contradice a lo fantástico tradicional. Borges crea:
[...] le désordre qui fait scintiller les fragments d'un grand
nombre d'ordres
possibles dans la dimension, sans loi ni géometrie, de l'hétéroclite;
et il faut
entendre ce mot au plus près de son étymologie: les choses
y son «couchées»,
«posées«, «disposées» dans de
sites à ce point différents qu'il es impossible de
retrouver pour eux un espace d'accueil, de définir au-dessous
des uns et des autres
un lieu commun. (Foucault 1966: 9).
Precisamente el concepto de la biblioteca representa plásticamente
lo que Borges pone en
práctica y Foucault comprende: la creación de un desorden
constituido por fragmentos de un
infinito número de posibles ordenes que se reproducen rizomáticamente.
Borges evoca
aparentemente un discurso, como si estuviese establecido a priori,
de hecho lo desarticula, lo
deconstruye y le roba su logos. Que en este vacío metafísico
la obra de Borges se pueda
denominar como un tipo de lo fantástico como resultado de una
actividad antimimética,
desordenada y lúdica(12) que
a su vez articula el deseo de un orden, no se debe confundir con
un discurso que opera contra el orden con un efecto trascendental (o
un significado
transcendental) como lo estima Finné. El efecto de este procedimiento
consiste precisamente
en lo inconcebible y en su percepción subjetiva, acoplado a
la representación de la relatividad
de lo real como vacío de donde resulta la fascinación
de lo infinito-atroz y en ningún caso una
"harmonie consolatrice" (Finné 1980: 10), sino su negación
que se concretiza en deseo. De
allí se desprende además lo antiteleológico de
la escritura de Borges que precisamente a través
del relativismo (iconizado en el símbolo del "laberinto rizomático")
es llevado hasta su
disolución (el desciframiento del enigma "Undr" es "Undr").
El mismo Borges (1985: 25)
responde a la pregunta sobre el símbolo del laberinto como cifra
de lo fantástico que
Quizá el fin del laberinto -si es que el laberinto tiene un fin-,
sea el de estimular
nuestra inteligencia, el de hacernos pensar en el misterio, y no en
la solución. Es
muy raro entender la solución, somos seres humanos, nada más.
Pero buscar esa
solución y saber que no la encontramos es algo hermoso, desde
luego. Quizá, los
enigmas sean más importantes que las soluciones [...],
con lo cual Borges abandona la experiencia habitual del lenguaje, mundo
y conocimiento, él
hace explotar la finalidad como meta y así nos transporta a
la absoluta referencialidad sin
preguntar de dónde y hacia dónde. La escritura de Borges
va más allá que la teoría de la
similitud y de la diferencia de Foucault en cuanto Borges la destruye;
lo que queda es el
rizoma y la simulación.
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1 Este mismo trabajo se encuentra en impresión en Coloquio sobres J.L. Jerusalén (29.- 39.11.1999) y a parece en el trascurso del año 2000, una versión breve en inglés en Block de Behar, Lisa (edra.), Éd. Mouton.
2 El nivel ‘metatextual' al que aludimos corresponde a la categoría de la mise en abymeen el doble sentido de Gides, primero como tematización de la organización de la diégesis (donde Borges introduce una diferencia en cuanto en su obra se trata de la organización del significante), y segundo como alegoría de los procedimientos literarios.
3 Borges escribe en el prólogo a Ficciones:
Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario. Así procedió Carlyle en Sartor Resartus; así Butler en The Fair Haven; obras que tienen la imperfección de ser libros también, no menos tautológicos que los otros. Más razonable, más inepto, más haragán, he preferido la escritura de notas sobre libros imaginarios. Estas son Tlön, Uqbar, Orbis Tertius y el Examen de la Obra de Herbert Quain. (OC I: 429).
4 Por esto no opino que Borges anticipe la teoría de la recepción de la escuela de Constanza como lo cree Jauß (1987: 30ss.).
5 Proponemos con "diferancia" una posible traducción del término francés "différance" (Derrida).
6 Para los aspectos del realismo y la literatura fantástica, vid.: Jakobson (1921/1971: 373- 391); Höfner (1980); Blüher (1985); Wünsch (1991: 17 ss.); Thomsen/Fischer (21985: I); Jehmlich (21985: 24) y Penning (21985: 37-38, 50).
7 Borges (1989, I, OC: 444-459; 667-669; 799): "Pierre Menard, autor del Quijote", "Magias parciales del Quijote" y "La parábola de Cervantes y el Quijote".
8 Baudrillard considera la escritura de Borges como una simulación de segundo grado. He tratado de indicar que Baudrillard no está en lo cierto ya que la escritura de Borges es una simulación per se; cfr. A. de Toro (1992/21995; 1994; 1995; 1995a).
9 Este aspecto de que la escritura de Borges se encuentra "más allá de la literatura" lo he tratado en extenso en A. de Toro (1999: 137-162; 1999a: 129-153).
10 Expuesta por Hugo en Préface de Cromwell (1971) dentro de su discutible teoría histórico-cultural-antropológica.
11 A. de Toro (1992/21995; 1994; 1995). Me refiero a los siguientes pasajes de Borges en "El idioma analítico de John Wilkins" (OC: I, 708) y de Foucault en Les mots et les choses (1966: 7):
En sus remotas páginas está escrito
que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados,
(c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos,
(h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos,
(j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de
camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón,
(n) que de lejos parecen moscas.
****
Dans l'émerveillement de cette taxinomie
[d'une certain encyclo pédie chinoise citée par Borges],
ce qu'on rejoint d'un bond, ce qui, à la faveur de l'apologue, nous
est indiqué: l'impossibilité nue de penser cela.
[...]
La monstruosité ici n'altère
aucun corps réel, ne modifie en rien le bestiaire de l'imagination;
elle ne se cache dans la profondeur d'aucune pouvoir étrange.
[...]
Ce qui transgresse toute imagination, toute
pensée possible, c'est simplement la série alphabétique
(a, b, c, d) qui lie à toutes les autres chacune de ces catégories.
[...]
La monstruosité que Borges fait circuler
dans son énumération consiste au contraire en ceci que l'espace
commun des rencon tres s'y trouve lui-même ruiné. Ce qui est
impossible, ce n'est pas le voisinage des choses, c'est le site lui-même
où elles pourraient voisiner. Les animaux [...] où pourraient-ils
jamais se rencontrer, sauf dans la page qui la transcrit? Où peuvent-ils
se juxtaposer sinon dans le non-lieu du langage? mais celui-ci, en les
déployant, n'ouvre jamais qu'un espace impensable.
12 Cfr. "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius":
Los metafísicos de Tlön no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro. Juzgan que la metafísica es una rama de la literatura fantástica. (OC I, 436)
Borges repite esta fórmula en una entrevista (1985: 23):
Son el ápice de la literatura fantástica.
El Dios de Spinoza, por ejemplo, supera a todo lo inventado por Kafka o
Poe. Y no lo digo contra la teología o filosofía, al contrario,
es una exaltación de ellas. Una obra como la Etica de Spinoza o
El mundo como voluntad y representación, de Schopenhauer, o el sistema
del Buda son obras maestras de la imaginación, sí.